Complicaciones de la diabetes: tres cosas que debes saber.
La diabetes mellitus se produce cuando nuestro cuerpo no produce la suficiente insulina, hormona segregada por el páncreas que permite que el azúcar llegue a las células del cuerpo. Este déficit de insulina provoca que el azúcar se acumule en la sangre provocando una serie de problemas en todo el organismo.
Complicaciones de la diabetes
Neuropatía diabética
La enfermedad diabetes puede provocar daños en los nervios, que no consiguen llevar la información de forma correcta hasta el cerebro. Lo más habitual es que esto afecte a las extremidades, principalmente a las piernas y los pies, pudiendo sentir dolor, hormigueo o incluso entumecimiento.
En caso de ser diabético es conveniente echar un vistazo a diario a los pies, pues no es extraño que pasen desapercibidas las pequeñas heridas. En los casos más graves estas heridas se infectan y puede llegar a ser necesaria la amputación.
Retinopatía diabética
Otra de las complicaciones de la diabetes es la retinopatía. Un nivel demasiado alto de azúcar en sangre puede dañar los vasos sanguíneos de la retina, que pueden perder algo de líquido y provocar la inflamación de la mácula, la parte central de la retina.
Si el nivel de glucosa no se normaliza la retinopatía empeora pudiendo llegar a perder por completo la visión.
Los síntomas de la retinopatía pueden ser:
- Presión en uno o los dos ojos.
- Visión borrosa.
- Pérdida repentina de visión en uno o en los dos ojos.
- Ver puntos o sombras.
"fondo de retina sana"
El riesgo de sufrir problemas cardiacos también aumenta en los diabéticos al igual que el de sufrir embolias, siendo estos riesgos mayores aún en fumadores, personas con sobrepeso, hipertensos o en pacientes con antecedentes familiares. Es por tanto muy importante que mantenga un óptimo nivel de colesterol.
Consejos para diabeticos
Lo principal para evitar los riesgos que con lleva la enfermedad es mantener los niveles de azúcar dentro de los valores recomendados.
Otros consejos para diabéticos son:
- Llevar una dieta equilibrada, evitando los azúcares añadidos, las comidas ricas en grasa y el exceso de sal.
- Mantener un peso saludable.
- Controlar la presión arterial y los niveles de colesterol.
- Hacer ejercicio de forma regular.
- No fumar.
- Visitar al médico con regularidad y, por supuesto, seguir el tratamiento prescrito por él.